lunes, noviembre 23, 2009

Voy a poner la mesa...

El comedor de mi casa




Voy a poner la mesa para almorzar, pienso, mientras quito de la mesa del comedor, los libros con los que estaba estudiando y los pongo sobre mi escritorio.

Organizo la ropa que tenía en el otro lado de la mesa y que había planchado por la mañana. La distribuyo en los closets de las habitaciones de cada quien. Ya que estoy, acomodo zapatos, aliso cubrecamas, levanto del todo los shades y abro las ventanas.

Vuelvo a pasar por el comedor y recuerdo que iba a poner la mesa...

Voy a la cocina, saco el mantel, lo despliego sobre la mesa del comedor y veo que está manchadísimo. "Joder, estas nenas guardan el mantel sucio, en vez de meterlo en la lavadora".

Me devuelvo a la cocina, entro al lavadero, meto el matel en la lavadora y veo que está llena. Ya que estoy, le echo jabón, suavizante, selecciono el ciclo de lavado y la dejo lavando.

Regreso a la cocina, saco un mantel limpio, me voy al comedor y lo extiendo sobre la mesa.

Suena el teléfono. Respondo la llamada y me llevo el teléfono a la cocina.

Lavo las cosas que he utilizado para hacer el almuerzo y que no suelo meter en el lava-vajillas.

Saco cubiertos, platos, servilletas, vasos y los voy poniendo sobre la encimera de la cocina, sin dejar de hablar con el técnico del aire acondicionado, que me habla de kilovatios y amperios, como quien habla del tiempo.

Sigo hablando mientras hago la ensalada: corto lechuga, escarola, espinacas, alcachofas, daditos de queso manchego y de jamón ahumado. Añado pasitas y preparo una vinagreta con aceite de oliva, vinagre de Módena, miel y yogurt natural.

Cuelgo el teléfono, apunto los datos que me dió el técnico, porque seguro que en dos minutos más no los voy a recordar.

Vuelvo a la cocina. Ahora sí, me llevo todo a la mesa y lo coloco...

Me siento aquí y escribo todo esto, pero tengo que parar porque la lavadora ha terminado todo el ciclo de lavado y tengo que tender la ropa...
 Seguro que habrá quien de más vueltas que yo...




Me entra la duda: Si pusiera en línea recta todos los pasos que he dado sin salir de casa, desde que me levanté a las 7 am hasta ahora (2:00 pm), ¿hasta dónde me llevarían?
Seguro que a Écija...

lunes, noviembre 16, 2009

Una de dos...


Lucía miró a su marido dormitar en un sillón. Despertaba a ratos, la miraba y sonreía como desde otro mundo. En una de esas pestañeadas ella le dijo con toda suavidad:

-¿Sabes? Cuando uno de los dos se muera yo me voy a ir a Italia.


Ángeles Mastretta
"Maridos"
Ed. Seix Barral, 2007

lunes, noviembre 09, 2009

De lo eterno y lo efímero...


"A menudo me he preguntado, como miles de otros...,
si hice bien en escapar de mi país durante la dictadura,
si tenía derecho a desarraigar a mis hijos y arrastar(los)...
a un futuro incierto en un país extranjero, o si hubiera
sido preferible quedarnos tratando de pasar desapercibidos,
pero esas preguntas no tienen respuesta. Las cosas se dieron
inexorablemente, como en las tragedias griegas; la fatalidad
estaba ante mis ojos, pero no pude evitar los pasos que
conducían a ella..."

Isabel Allende
"Paula"




Si algo me salvó de volverme loca y no morirme de dolor -textual-, cuando salí de Venezuela, fue el asumir que "esto es lo que hay, tengo que echarle un camión de ovarios y seguir... un pie delante del otro..."


Lo que sí no he podido relativizar es el tiempo, me parece que en vez de casi siete años han pasado quillones y cuando vuelvo la vista atrás, a veces siento que "antes de vivir en España" fue un sueño, la vida de otra persona que tiene mi cara, pero no soy yo...


El día que llegué a España, supuestamente solo por 10 días, (el próximo 10 de febrero cumplo siete años aquí), lo único que me entibió el corazón fue ver a mi Petardi - ¡te quiero!- esperándome con todo su cariño en la salida de la aduana del aeropuerto de Barajas, pasar ese día con él (de recuerdo está la foto) y luego, poder abrazar de nuevo a mis hijas esa noche, al final de una carrera loca por la escalera mecánica de la estación de trenes de Córdoba, sintiéndo, como una premonición, que si no corría se iban a desvanecer delante de mis ojos... como se habría de desvanecer después todo lo demás...

A veces no somos conscientes de las cosas, de lo afortunados que somos con la vida que tenemos (aunque hacer cambios sea necesario), seguramente porque no podemos saber cuándo será la última vez que haremos algo o veremos una carita o un lugar querido... y gracias a Dios por que eso es así, de lo contrario viviríamos en un aullido de dolor contínuo... Lo que hay que hacer es darse cuenta, disfrutar cada momento como si fuese el último...
Carpe diem!





Yo no se si te he dado las gracias por tu amistad, Petardo, al menos no me alcanzará la Vida para hacerlo... Tú no sabes lo que significaban esas llamadas casi diarias a mi móvil, ese móvil que aún tengo en el cajón de mi escritorio, cuando me he deshecho de todos los que vinieron después. Ese móvil que no sonaba, porque no tenía a nadie a quien dárselo; en Venezuela el móvil sonaba cada minuto, aquí estaba mudo... y cuando sonaba yo sabía que eras tú, entonces entraba el sol a raudales y no me sentía sola, ni perdida. Marina y tú son mis soles, y conste que no sale su foto porque acabo de caer que ¡no tenemos una foto de los tres juntos!... Los quiero como solo a Uds. se les puede querer ♥

lunes, noviembre 02, 2009

Procesos...



Líbranos, Señor,
de encontrarnos,
tantos años después,
cuando ya nos creíamos
resucitados,
con aquello que una
vez
nos mató...






Hay procesos que nos marcan para siempre, que hay que trabajar mucho para dejarlos atrás, cada cosa en su lugar, pero atrás, para no cargar por siempre los lastres del dolor... pero pasa el tiempo y nos damos cuenta de que lo que se pensó era un proceso más o menos superado para las personas involucradas, no es así... Inesperadamente vienen las palabras hirientes y queda claro que lo que para ti era agua pasada, para otros sigue siendo un río que les orada el alma y les llena de fango los cristales de las ventanas... hay piececitas sueltas que les siguen haciendo ruido por ahí...


Entonces toca entender y aceptar que el problema no es nuestro, porque ni siquiera la responsabilidad del proceso fue nuestra sino de otro(s), que siguen creyendo que haciéndose los locos van a poder eludir su responsabilidad... Y cuando uno sabe que hizo TODO cuanto pudo por estar cerca, por mediar, por intentar resolver y el otro no se dejó, lo que toca es repetirse una y mil veces que lo sensato es mantener una distancia prudente para no salir achicharrado, o embarrado, lo cual de ninguna forma es egoísmo, sino supervivencia...


Mi comadre Magaly me decía al respecto en un correo:


Acuérdate del caso de la Iglesia Católica con Galileo: lo chamuscaron, y hace como 6 ó 7 años volvieron a abrir su caso. Uno dice: nada, la Iglesia va a pedir perdón. ¡Pues no! La Iglesia emitió un comunicado "Perdonando a Galileo". ¡Será por el olor a quemado, no te jode! Pues aquí funciona más o menos el mismo principio: así como no vamos a cambiar a una institución de 2000 y pico de años, no vamos a cambiar la manera de pensar de esa persona. Tú, por tu parte, sentaste tu posición, clarísimamente y ya. No te dejaste machacar y defendiste a los más débiles."





lunes, octubre 26, 2009

Ser o no ser...

Bucay es un autor que me gusta leer cuando tengo los engranajes de mi alma a todo vapor. Siempre me da una respuesta, siempre me recrea vivencias tan universales y tan comunes a todos que, a veces, me espanto leyéndolo y pensando a la vez: "¿Será que este gordito me sabe algo?".

Este texto lo publiqué en los inicios de Azules, cuando solo yo me leía y no aspiraba ni de lejos a tener tantas visitas y a conocer a personas tan maravillosas, así que lo rescato y se los dejo nuevamente, seguramente no los dejará indiferentes...












-Y este es tu cuento, Demián -siguió el gordo-. Cuando no tenés registro de tu dependencia frente a la mirada de los otros, vivís temblando frente al posible abandono de los demás que, como todos, aprendiste a temer.

Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, "que tanto nos quieren", nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar.

Si tenés "la suerte" del personaje de Papini y el mundo, en algún momento, te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.

Pero si no sucede así,
si tenés la desdicha de ser aceptado u halagado,
entonces...
estás abandonado a tu propia
conciencia de libertad,
estás forzado a decidir:
acatamiento o soledad;
estás atrapado entre ser lo que debes ser
o no ser nada para nadie.
Y de allí en más...
podrás ser,
pero sólo, solo y sólo para vos.

Jorge Bucay
"Recuentos para Demián"
(En España se llama "Déjame que te cuente")



jueves, octubre 22, 2009

Un tren sobre la tierra...

Ya no recuerdo bien cómo fue que su tren entró en mi vida, lo que sí se es que desde entonces no ha pasado un día en que no de las gracias por sus rieles. Ella se llama Leo, yo la llamo la Maga de las palabras. En todos los meses en que he leído su corazón puesto en palabras, no me he encontrado nada que no me haya conmovido hasta los huesos, que no me haya erizado la piel y que no haya traducido de manera contundente, esta torpeza mía para expresar lo que me borbotea por dentro, porque ¡ya quisiera yo escribir la milésima parte de bien que ella! Así que me he "robado" con su permiso (¡Gracias, Maga, te quiero!) uno de sus textos, en la decisión final y tantas veces postergada, por lo difícil que me ha resultado, de escoger uno cualquiera, porque por mi me los traería todos. Este texto me ha tocado muy de cerca, por eso me salgo de la línea de un post por semana: tenía que traérmela a Azules ¡ipsofactamente!









Postoperatorio...

A mí las bombas me estallan en silencio. Por fuera quedo intacta, pero la onda expansiva revienta todas las ventanas desde dentro. El corazón vuelve a romperse en todos sus pedazos. Camino y voy dejando un triste rastro de cristales por los corredores. Caen de debajo de la camiseta, desde la pernera de los pantalones, de la punta de los dedos. Lágrimas que cristalizan. Qué apuro. Y qué cansino. Otra vez recogedor en mano.


Al final junto más trozos de los que tenía, y me sale un corazón hipertrofiado, mucho mayor que el de antes. Y necesito pedir ayuda para las cirugías: que si ahora no entra en el pecho. Que sí, que sí que entra: venga, tú, separa las costillas, que yo lo empujo. Y ahora siéntate encima, mientras yo trato de cerrar la cremallera.

Durante el postoperatorio, aprieta el pecho y da un poco de miedo. Pero luego da de sí. Lo mismo que las horas. Al final incluso deja de oler a pegamento. Y se licuan las lágrimas. Y regresa la sangre a la punta de los dedos, a la pernera de los pantalones. Y aparece un hombrecito vestido de naranja que se descuelga de un andamio desde la azotea, por dentro, y limpia una a una todas las ventanas.

Leo
Un tren sobre la tierra

lunes, octubre 19, 2009

El mundo iluminado...

Una amiga de mi madre, monja desde hace cincuenta años, la visita un tiempo durante las primaveras, con la sonrisa infantil y el espíritu audaz de quienes todos los días le descubren un prodigio a su destino. Hace unos años, tuvo un accidente que la hubiera dejado paralítica de por vida, si su empeño no la pone a luchar con toda clase de aparatos y terapias hasta conseguir moverse despacio, apoyada en un bastón y en el deseo ingobernable de bastarse a sí misma. El mes pasado llamó desde el convento en que vive y yo, que no pude resistirme a escucharla por el otro teléfono, la oí responder a la pregunta de mi madre interesada en saber de su salud y su estado de ánimo: ¿Cómo he de estar? La vida es una fiesta.

Con semejante axioma como tesoro, dejé de oír la conversación y me senté en el suelo tibio y las plantas del patio que mi madre metió a su casa como quien mete un pedazo de convento sevillano. Estuve ahí un rato, sintiendo a los niños jugar con el perro, mirándome los pies y contándome las venitas lilas que a las mujeres de mi familia les proliferan en las piernas después de cierta edad. "Así se empieza", me dejé pensar. Un pedazo de sol entraba por el hoyo en el cielo que ilumina el patio y todo, hasta el aire ardiendo del mayo sin lluvias, me resultó sosegado y hospitalario como debe ser siempre la vida.

Cuando quiere elogiarme, la antropóloga Guzmán, antes mi madre, elogia la sabiduría con que elijo a mis amigas. Ese día me tocó devolverle el piropo. Al terminar su conversación con Aura Zafra me sorprendió divagando en su patio, y antes de oír su mirada de ¿qué haces ahí perdiendo el tiempo?, le dije:

- Cualquiera pensaría que su respuesta es la de una corista en mitad de un espectáculo.

´Así es Aura - contestó ella.

- Es una maravilla.

Medio coja, medio vieja, medio pobre, medio encerrada, y nada tonta, esa mujer considera que la vida es una fiesta, quiere decir lo obvio, que tiene la fiesta dentro que se busca razones para retenerla.

¿Qué cantidad de trabajo y talento habrá que dedicarle a ese empeño? Llegar a los sententa y un años dispuesta a hacer la misma declaración. Vivir en los cuarenta y cinco o en los setenta, sin cederle terreno al tedio y la desesperanza.

- ¿Cómo le hace? - le pregunté a la antropóloga.

- Dice que abriendo ventanas - contestó mi madre.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Cuando se lo pregunté me contestó que lo pensara yo - dijo la antropóloga.


Ángeles Mastretta
"El mundo iluminado"
Alfaguara, 1999

lunes, octubre 12, 2009

Mujer que busca Amor...

Había una vez una mujer que buscaba el amor. Lo buscaba de un lado a otro de la vida averiguando sus paraderos y preguntando por sus maneras. Lo buscaba intensamente.

Se ponía su piel y sus tocados de mujer y salía a buscarlo inventando baladas en los anocheceres y valses en las medias noches.

Se ponía sus mejores ojos y sus mejores labios y salía a buscarlo con caricias que después quedaban por ahí como palomas mojadas.

Ella y el amor se desencontraban siempre.Ella iba y él venía. Ella andaba por la selva y el amor por el desierto. Ella en el desierto y el amor en las alturas.
Ella en las orillas de arena y el amor dando vueltas por el Obelisco.

Lo buscaba en los puentes, en los túneles, en las avenidas, en los caminos de tierra. Todo un itinerario de búsquedas con líneas rectas y curvas que se fueron agregando a las líneas de sus manos.

A veces salía a buscarlo con herraduras de siete clavos.
A veces con la rosa de los vientos mojada en agua de rosa mosqueta.
Otras veces con tréboles de cuatro hojas latiendo en la mitad del pecho.

Creyó encontrarlo en los halls de los cines, en los museos, en los aeropuertos, en los bares, pero sólo fueron señales equivocadas. Ilusiones de los ojos. Encantamiento de los labios.

Un día dejo de buscarlo.
Guardó las herraduras y los tréboles en los cajones.
Dejó que la rosa de los vientos se fuera con el viento del sur y salió a la vida por otra puerta.

Caminó de un lado a otro tratando de saber cómo eran esos caminos. Cómo era caminar sin buscar el amor. Sin esperarlo. Ir por la vida sin el reloj de los desencuentros. Andar con cada cosa en su lugar.El corazón cumpliendo sus latidos y los ojos cumpliendo sus miradas. Andar así era un alivio de cuatro hojas.

Una tarde volvía de cualquier lado, caminando como si el paraíso pasara por esa calle. Iba como en el aire, pensando en cualquier cosa florecida. Iba con el reloj en ninguna hora y el corazón en ninguna espera.

Caminando así dobló la esquina y ahí estaba el amor.

Ahí estaba, esperándola con un aire de selvas y de océanos, en medio del ruido de los autos y de los semáforos florecidos.

Ahí estaba, con esa pluma de paloma en la solapa.

Con ese ramito de lavanda que no se había marchitado aunque ella hubiera demorado tanto tiempo en llegar.

Lía Schenk

lunes, octubre 05, 2009

No hay mal que dure cien años...




A veces uno despierta en medio de la oscuridad más absoluta, aunque afuera brille el sol, se perdió el rumbo, no se sabe dónde es arriba y dónde abajo, y golpeándonos contra las paredes, luchamos por salir sin éxito... sin saber bien cómo o por qué, tocamos fondo y nos deshacemos en lágrimas, sin fuerzas para respirar, nos abandonamos al dolor...


Y un día, nos ponemos el mundo por montera y salimos a conquistar a los demonios... el sol nos calienta de nuevo, el corazón se nos llena de primavera y la magia vuelve a alcanzarnos... casi podemos escuchar las cosas buenas que vienen desde lejos a nuestro encuentro... Cuando eso pasa solo hay que abrir los brazos para recibir... y sonreír, sonreír siempre... atesorando esta cálida sensación para que cuando regresen los inviernos del alma, nos recuerde que volver a sonreír es posible...


Diría la abuela que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista...
Como prometido, aquí estamos de regreso, ¡gracias por la paciencia!


martes, septiembre 29, 2009

Ya merito...

No doy fecha, pero me parece que no tardaré mucho en regresar, aunque tomará su tiempo retomar las autovías para visitar tantos blogs queridos. Nuevamente gracias a los que, aún cuando no he estado por aquí, se han asomado a mi ventana por el correo y han estado cerquita


¡Ya mero regreso!

viernes, julio 31, 2009

Cerrado por Vacaciones...



Ya no más excusas, tengo muchas cosas entre las manos que me alejan de Azules y de todos los blogs que tanto me gusta visitar, de los amigos... así que Azules va a estar cerrado por una temporada, mientras me reorganizo y, sí, me tomo unas merecidas vacaciones a partir de la segunda quincena de agosto...

¡¡¡Feliz Veranito para todos!!!



miércoles, julio 15, 2009

Happy B-Day to Me! =o)




"Celebrar es aquel verbo lleno de belleza

y de misterio que reúne el descansar,

disfrutar, expresarse, acoger y agradar."


Fray Nelson Medina




Esa frase lo encierra todo en este día tan especial para mi y por eso la he elegido, para celebrarlo con todos Uds. Se que estoy un poco -bastante- desaparecida, pero de corazón estoy con todos y en mi correo siempre podrán encontrarme.

Mi deseo al apagar estas velitas es que podamos seguir caminando y creciendo juntos por mucho tiempo más :)

Todo mi amor,





miércoles, julio 01, 2009

Porque sentir siempre es preferible...



Entre la pena y la nada,
elijo la pena...

William Faulkner
"Las palmeras salvajes"

miércoles, junio 24, 2009

Cómo cambia la Vida...

Escenario: Tienes que hacer un viaje.

Año 1977: Viajas en un avión de Iberia, te dan de comer y te invitan a lo que quieras de beber, todo servido por azafatas espectaculares, en un asiento en el que caben dos como tú.

Año 2008:
Entras en el avión abrochándote el cinturón de los pantalones que te han hecho quitar para pasar el control, te sientan en una butaca en la que, si respiras profundo, le metes el codo en el ojo al de al lado y si tienes sed el azafato maricón te ofrece una carta con las bebidas con los precios aumentados en un 50% porque sí. Y no protestas por si acaso cuando aterrizas te meten el dedo más largo del mundo por salva sea la parte, para ver si llevas drogas.


Escenario: Manolo tiene pensado ir al bosque después de clase, según entra al colegio le enseña una navaja a Pancho con la que pretende hacer un tirachinas.

Año 1977: El subdirector lo ve, le pregunta dónde las venden y, además, le enseña la suya que es antigua, pero mejor que la de Manolo.

Año 2008: La escuela se cierra, llaman a la guardia civil y llevan a Manolo al reformatorio. Antena 3 y Telecinco presentan los informativos de las 15:00 desde la puerta del colegio.



Escenario: Disciplina escolar:

Año 1977: Hacías una putada en clase. El profesor te metía dos buenas hostias bien merecidas. Al llegar a casa tu padre te arreaba otras dos.

Año 2008:
Haces una putada. El profesor te pide disculpas. Tu padre te pide disculpas y te compra una moto.


Escenario: Fran y Marcos se reparten unos puñetazos después de clase.

Año 1977:
Los compañeros los animan, Marcos gana. Se dan las manos y terminan siendo colegas en los billares.

Año 2008: La escuela se cierra, Telecinco proclama el mes contra la violencia escolar, el periódico 20 Minutos titula a cinco columnas el asunto, y Antena 3 aposta de nuevo a Matías Prats en pleno temporal frente a la puerta del colegio, para presentar el telediario.


Escenario: Luis rompe el cristal de un coche en el barrio; su padre saca el cinturón y le pega unos buenos azotes con él.

Año 1977: Luis tiene más cuidado la próxima vez, crece normalmente, va a la universidad y se convierte en un exitoso hombre de negocios.

Año 2008: Arrestan al padre de Luis por maltrato a menores. Sin la figura paterna, Luis se une a una banda. Los psicólogos convencen a su hermana de que el padre abusaba de ella y lo meten en la cárcel de nuevo. La madre de Luis se enrolla con el psicólogo. Mercedes Milá abre la final de Gran Hermano con un discurso relativo a la noticia.


Escenario: Juan se cae mientras echaba una carrera y se araña la rodilla. Su profesora, María, se lo encuentra llorando al borde del camino. María lo abraza para confortarlo.

Año 1977: Al poco rato, Juan se siente mejor y sigue jugando.

Año 2008: María es acusada de perversión de menores y se va al paro. Se enfrenta a tres años de cárcel. Juan se pasa cinco años de terapia en terapia. Sus padres demandan al colegio por negligencia y a la profesora por trauma emocional, ganando ambos juicios. María, en paro y endeudada, se suicida tirándose de un edificio. Cuando aterriza, lo hace encima de un coche y también rompe una maceta. El dueño del coche y el dueño de la planta demandan a los herederos de María por destrucción de la propiedad. Ganan. Telecinco y Antena 3 producen juntos la película del caso y definitivamente el plató de los informativos queda emplazado en medio de la calle.


Escenario: Relación habitual entre padre e hijo:

Año 1977: Le pido dinero a mi padre para salir.

Año 2008:
Mi padre me pide dinero para apaciguar al banco.


Escenario: llega el 28 de octubre:

Año 1977: Llega el día del cambio de horario de verano al horario de invierno. No pasa nada.

Año 2008: Llega el día del cambio de horario de verano al horario de invierno. La gente sufre trastornos del sueño, depresión y amenorrea.


Escenario: El fin de las vacaciones:

Año 1977: Después de chuparse una atasco del copón con toda la familia metida en un seiscientos, tras 15 días de vacaciones en la costa, se terminan las vacaciones. Al día siguiente se trabaja y no pasa nada.

Año 2008: Después de volver de Cancún, en un viaje todo pagado. Se terminan las vacaciones y la gente sufre trastornos del sueño, depresión post-vacacional y seborrea.



Recibido por e mail: Gracias JR!!!

miércoles, junio 17, 2009

La chica del puente...

- ¿Cómo se imagina el futuro, Adele?

- No lo he pensado... Cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. Quería que todo sucediera deprisa, pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. No sé para qué. Hacerme mayor. El futuro es... es como una gran sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire, y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes, o taxis. Tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.

- ¿Qué espera, Adele?

- Que me ocurra algo.

Patrice Leconte
La chica del puente